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Crispadores y angelistas

Crispadores y angelistas

Via Aventura en la tierra

El PP ha obtenido un éxito rotundo no porque en realidad ese partido haya avanzado un centímetro, que no lo ha hecho (en el cómputo global, los votos que la extrema derecha parlamentaria ha obtenido el 27-M son prácticamente los mismos que en las municipales de 2003), sino porque ha logrado que un gran número de votantes de todo el resto de formaciones políticas tiren la toalla y engorden resignadamente la abstención.
El discurso exasperado del PP, generador del clima de crispación política que vivimos, no es casual ni gratuito. Está cuidadosamente planificado, y tiene un doble objetivo: movilizar a los suyos y desmovilizar a los adversarios. Lo han logrado plenamente, ya que han conseguido llevara las urnas hasta el último de sus votantes, y a la vez, sembrar la abstención entre la izquierda y los nacionalistas.
Como que la estrategia les funciona a pedir de boca seguirán machacando con ella, fomentando la crispación, el enfrentamiento personal, el insulto, la difamación y la calumnia; seguirán insistiendo en que la política es una mierda y en que todos los políticos son iguales. Es decir, el PP seguirá profundizando en el discurso fascista, que es el que le da réditos electorales y le permite -sorprendentemente para cualquier mente racional- atrincherarse en feudos inexpugnables, reeligiendo para cargos políticos a gánsters como Carlos Fabra, el presidente de la Diputación de Castellón, que acaba de proclamar que "los electores le han absuelto con sobresaliente" de los procesos judiciales en los que se halla incurso.
Es así como el PP gana en localidades donde la corrupción chorrea hasta del escudo municipal (Marbella, Andratx, Alicante, Torrevieja, Orihuela, etc), tras una campaña en la que se ha denunciado cómo elementos de ese partido han manipulado censos electorales, comprado votos a cambio de vales de comida o expulsado de su trabajo a empleados públicos por negarse a votar por el candidato derechista de su localidad. La corrupción tiene premio, pues.
En síntesis, el PP no intenta convencer y ganar nuevos votantes: simplemente acoraza su electorado y busca destruir el del adversario, incitándole a alejarse de la participación política. Su objetivo es liquidar toda oposición política y dividir el país en dos bloques estancos: el de los votantes de la derecha (extrema derecha, en realidad) española, y el de los abstencionistas, voluntariamente situados al margen de la política. Se trata en suma de repetir el esquema vigente en la época franquista, cuando los súbditos (que no ciudadanos) se dividían entre los "adictos al Régimen" y los que "no se metían en política"; el resto, quienes se oponían a tal estado de cosas, eran etiquetados como "rojos" y objeto por tanto de persecución.
Si la izquierda y sobre todo el PSOE no recupera pronto músculo y capacidad de confrontación, vamos dados. Pero el problema no es sólo de las organizaciones políticas. Ocurre también que el electorado de izquierdas acostumbra a tener la piel tan fina, que basta con airear a fondo el caso de un concejal socialista pringado en un caso de corrupción para extender el desánimo entre votantes y simpatizantes, al tiempo que se tapan mediáticamente los casos de mil alcaldes derechistas que nadan en la cloaca desde que nacieron para la política y tal vez biológicamente; no en vano casi todos son hijos de antiguos munícipes franquistas.
Cierto angelismo de izquierdas resulta un eficacísimo aliado de la extrema derecha aznariana.

 

Viñeta: blog faro de Vigo 

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