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Es Torrevieja un espejo

Es Torrevieja un espejo

por JESÚS GALINDO/

Este verano he comprobado que los discursos apocalípticos no sólo no son creíbles sino que incluso son contraproducentes, porque al no llegar la gran catástrofe anunciada, la gente tiende a aceptar los desastres de menor cuantía, al ser testigo del discurso con el que un viejo demócrata de toda la vida al que conozco -que, según él, fue decisivo en la recuperación de la democracia, lo que no le impide desayunar cada día oyendo las inflamadas soflamas «liberales» de la radio episcopal- acongojaba a sus compañeros de dominó, jubilados como él. En el instante en el que, solemnemente, cerraba la partida a pitos, sentenciaba: «si el tonto de León sigue una legislatura más al frente del Gobierno, España acaba rota». Uno de los mirones, tras soltar una carcajada -mi amigo, que había calculado mal, perdió el embate-, dijo: «Si España aguantó ocho años las petulancias del sietemachos embigotado que a muchos nos hizo pensar seriamente en hacernos andorranos, ese que hablaba catalán en la intimidad cuando le interesaba, que llamó Movimiento de Liberación Nacional Vasco a ETA y perdía el culo por fotografiarse con Bush, que ahora da clases de Historia en espanglis, cuando se lo permite su pluriempleo de asesor de Murdoch y de un Fondo de Inversiones de Alto Riesgo y no tiene la lengua ocupada en soltar estupideces, como que a él nadie puede decirle cuantas copas puede tomar antes de conducir ni cuantas hamburguesas es sano ingerir, que es de juzgado de guardia en un país en el que más de la mitad de la población tiene sobrepeso, su sangre rebosa colesterol y son muchos los descerebrados que conducen sus vehículos, tuneados o no, como si ellos fueran Alonso y los demás Hamilton, sobrevivirá enterita a ocho, e incluso a doce años, con Zapatero.

Así que he decidido aplicarme el cuento. Porque confieso que cuando volví a Torrevieja tras pasar unos días en Menorca, y comparé el grasiento y opresivo caos en el que se ha convertido la vida cotidiana en esta otrora deliciosa ciudad con la armonía que reinaba en la isla que acababa de dejar, en la que más del 80% del territorio -que, a pesar de no ser muy grande, es varias veces mayor que el término municipal torrevejense- está sin urbanizar, todas las calas y playas de la costa norte y la mayor parte de las del sur son vírgenes, y cuya zona nordeste es una Reserva Natural que las autoridades pretenden ampliar y convertir en Parque Nacional, para lo que mantienen negociaciones muy avanzadas con el Gobierno de España, mi tentación fue soltar una filípica apocalíptica. En vez de eso, basta con describir la realidad.

Mi vuelta ha coincidido con un plante de los residentes de la pedanía de La Mata por el grave deterioro de la asistencia sanitaria y por la suciedad y los malos olores reinantes en ella, derivados de la escasez de contenedores de basura y la precariedad del servicio de recogida de la misma. Respecto de este último servicio, baste el siguiente dato: a pesar de que la población se multiplica por más de cinco en los meses de verano -de los 100.000 habitantes censados se pasa a 700.000-, el refuerzo del mismo, pese al fuerte incremento del IBI y de los demás impuestos municipales decretado en los últimos años, no excede el 15% según denuncian concejales de la oposición. Pero no es sólo La Mata; la suciedad es endémica en cualquier parte del pueblo, y además está el peligro que supone dar un simple paseo nocturno por unas calles que, incluso las más céntricas, están muy deficientemente iluminadas, y cuyas aceras, pasos de cebra y vados para minusválidos están invadidas por coches que carecen de aparcamiento adecuado -los cada vez más altos edificios apenas tienen un 10% de las plazas necesarias, y no hay aparcamientos públicos salvo en el centro- lo que obliga a caminar por las calzadas igualmente saturadas de vehículos. O las horas que, a veces, se pierden en las paradas de autobús viéndolos pasar abarrotados, sin detenerse...

Una vieja habanera dice que Torrevieja es un espejo. Es cierto: nos refleja a quienes hemos hecho posible que sea como es. Como pronto lo hará la «esplendorosa» Marina de Cope. Menorca, por contra, refleja otra forma de ser, otra visión del progreso.


http://www.laverdad.es/albacete/prensa/20070827/articulos_albacete/torrevieja-espejo_20070827.html

Foto: Cala de los Trabajos. ©Torreviejadigital

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