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Torrevieja Digital

Marcos Ana. Cárcel, Poesía, Libertad y Memoria Histórica

Pequeña carta al mundo

Los dientes de una ballesta

me tienen clavado el vuelo.

Tengo el alma desgarrada

de tirar, pero no puedo

arrancarme estos cerrojos

que me atraviesan el pecho.

Siete mil doscientas veces

la luna cruzó mi cielo

y otras tantas, la dorada

libertad cruzó mi sueño.

El Sol me hace crecer flores,

¿para qué, si estéril veo

que entre los muros mi sangre

se me deshoja en silencio?

No sabéis lo que es un hombre,

sangrando y roto, en un cepo.

Si lo supieseis vendrías

en las olas y en el viento,

desde todos los confines,

con el corazón deshecho,

enarbolando los puños

para salvar lo que es vuestro.

Si llegáis ya tarde un día

y encontráis frío mi cuerpo;

de nieve, a mis camaradas

entre sus cadenas muertos…

recoged nuestras banderas,

nuestro dolor, nuestro sueño,

los nombres que en las paredes

con dulce amor grabaremos.

Y si no nos cerráis los ojos

¡dejadnos los muros dentro!

que se pudran con el polvo

de nuestra carne y no puedan

ser nuevas tumbas de presos.

No sabéis lo que es un hombre

sangrando y roto, en un cepo.

Si lo supierais vendríais,

en las olas y en el viento,

desde todos los confines,

para salvar lo que es vuestro.

Si llegáis ya tarde un día

y encontráis frío mi cuerpo

buscad en las soledades

del muro mi testamento:

al mundo le dejo todo,

lo que tengo y lo que siento,

lo que he sido entre los míos,

lo que soy, lo que sostengo:

una bandera sin llanto,

un amor, algunos versos…

y en las piedras lacerantes

de este patio gris, desierto,

mi grito, como una estatua

terrible y roja, en el centro.

 

Escribir sus memorias era una de sus asignaturas pendientes. Ya en una madrugada de 1963, apenas dos años después de salir de prisión, su amigo Pablo Neruda le abroncó tras una larga noche en que Ana le contó su vida: "¡Somos unos insensatos, las palabras se las lleva el viento, si hubiéramos tenido un magnetofón ya tenías escrito el libro!", exclamó el poeta chileno. Ana, humilde hasta decir basta, nunca osó negociar la publicación de sus poemas: "La poesía era un arma más para luchar por las libertades, no sé si mis versos son buenos o malos, sólo sé que fueron necesarios", dice con la lucidez de un hombre que sigue viviendo a contrarreloj, ganándole tiempo al tiempo, intentando recortar el efecto de 23 años entre rejas.
Hace tres años, las presiones de sus amigos le llevaron a ponerse a escribir por fin sus memorias, Decidme cómo es un árbol (Editorial Umbriel-Tabla Rasa), el material en el que se basará Almodóvar, que hará dos películas antes de ésta (en mayo empieza a rodar Los abrazos rotos).
"Lo único que puede compensarme a mí es el triunfo de mis ideales", dice con voz cadenciosa, profundo. "Solidaridad es hoy la palabra más hermosa y más necesaria. Este mundo es muy injusto y eso tiene que explotar. Muchos jóvenes saben que otro mundo es posible".
Marcos Ana tiene 88 años, y escribió poemas desde 1961. Estuvo tras las rejas más de 20 años, donde fue torturado y libró 2 penas de muerte. Es comunista, poeta y luchador. Marcos Ana fue uno de los presos políticos que más tiempo pasó en las cárceles franquistas: 23 años. En todo ese tiempo su refugio fue la poesía. A través de ella mostró la realidad de las prisiones al conseguir que esos versos salieran de entre rejas de forma clandestina.
Esa fue su arma una vez en la calle, pero en las celdas era la poesía. Él nunca negoció con una editorial. Sus versos salían de forma secreta. «Teníamos muchos procedimientos: sobornar a unos guardias, otros tenían ideas proclives a las nuestras, a través de tubos de pasta, cajas de doble fondo...». En ocasiones, algunos compañeros que salían en libertad memorizaban los poemas para luego transcribirlos. «Pero a más de uno se le olvidó un verso y lo ponía de su cosecha». Daba igual porque el objetivo era «reflejar nuestro calvario».
A pesar de todo lo vivido, en las memorias de Marcos Ana no hay cabida para el rencor. «Cuento cosas atroces, pero lo compenso al no dar el nombre de mis verdugos porque no quiero que sus familias carguen con esa culpa. Es un libro sencillo, basado en una realidad que busca acercarse a la gente».
Ahora en la red, todos podemos acercarnos al testimonio de Marcos Ana en su bitácora:
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